Sobre los medios de difusión

Los medios de difusión masiva determinan el cause de la opinión pública. Pienso que en Cuba hay una insuficiente influencia de éstos en el desarrollo de la conciencia social. En esta página compilaré fragmentos de análisis que hacen expertos respecto a estas insuficiencias; las cuales pretendo salvar en los proyectos de gestión de información y conocimientos en los que trabaje.

Contenidos en esta página

  1. Sobre la competividad de la televisión.
  2. Sobre la regulación del cine.
  3. Sobre la historia y medios audiovisuales.
  4. Sitios interesantes.

Sobre la competividad de la televisión

“Esta preferencia por los medios alternativos en una parte de la población cubana, se explica según el periodista de Granma y crítico de cine, Rolando Pérez Betancourt, como una tendencia a evadir los contenidos con gran carga ideológica, como los que predominan en parte de los materiales producidos por el Instituto Cubano de Radio y Televisión: “la sociedad cubana ha cambiado mucho en los últimos 20 años, se ha desideologizado y una de las maneras en las que este fenómeno se manifiesta es en el rechazo a la televisión”.

“Aun así, el conflicto no se limita sólo a determinadas restricciones en la oferta de la TV o a cierta tendencia hacia la desideologización en algunos sectores de la población cubana, sino que también implica realizar programas autóctonos atractivos y con los que el público se sienta identificado. Como afirma la reconocida intelectual  cubana, Graziella Pogolloti: “muchas personas de todas las edades ven la televisión porque no tienen otra alternativa. El trabajo del ICRT no es satisfactorio. En ocasiones la televisión se utiliza sólo como un ruido acompañante”.

Podemos hacer programas competitivos, quizás sin la fastuosidad de los foráneos, pero con profundidad, con cierta exigencia intelectual que esté asociada al talento de la gente, al ingenio, al estudio, a la cultura general –añade el ex ministro de cultura, quien cita como ejemplo el trabajo realizado por Juan Padrón– se logró con Elpidio Valdés al poder competir con la industria de Disney, muchos niños cubanos prefieren Elpidio antes que Mickey Mouse”.

Creo que el paquete tiene ofertas atractivas y legítimas culturalmente, pero también tiene materiales muy mediocres”, opina Abel Prieto, quien señala entre lo mediocre a los reality shows y/o programas de talento que se dedican a exacerbar el morbo de la teleaudiencia y a promover “la frivolidad en escenarios fastuosos”. Y es cierto que algunos de los contenidos del paquete son prácticamente insalvables. Es muy difícil encontrar alguna “utilidad” o “valor cultural” en Caso cerrado o El show de Laura, más allá del entretenimiento fácil a costa de inmigrantes que cobran por maltratarse sobre un escenario y falsear problemas personales. No es que todos los programas de telerrealidad promuevan la desvergüenza, pero algunos son simple y llanamente crueles.

Todo radica en la educación. La educación en sentido general, la recibida desde el hogar, la escuela y el resto de las instituciones culturales. Formar un espectador con mayor capacidad para el análisis y la selección de productos es el reto planteado.

“Ahora bien, no es necesario que otros medios “compitan” contra el paquete, sino que se centren en mejorar su trabajo y llegar al público. Tampoco sería inteligente prohibir el paquete, lo cual “sería ridículo y absurdo”, comenta Abel Prieto, quien añade: “con el desarrollo de las nuevas tecnologías prohibir es cada día una palabra más exótica”.

“Prohibir y censurar son callejones sin salidas, mejor repensar lo que tenemos. Analizar nuestras políticas comunicacionales, educacionales y culturales en general, y actualizarlas. Porque en definitiva los tres ideales culturales que han guiado a la Revolución desde sus inicios y que mencionara el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, en su discurso Palabras a los intelectuales, siguen siendo válidos: participación popular, democratización de la cultura y libertad creativa.

Tomado de: Escaneando el Paquete Semanal (II) (20-10-15).


Sobre la regulación del cine

“Durante más de dos años, un numeroso grupo de cineastas cubanos, junto a directivos del ICAIC, el Ministerio de Cultura y de otras entidades del Estado Cubano, han trabajado en un grupo de propuestas de políticas para la reestructuración del cine cubano y del propio ICAIC. Sin embargo, todavía no se han logrado los cambios que necesitan el cine cubano y su institucionalidad.

“No podemos olvidar que con las políticas propuestas, cineastas e institución estamos interactuando con altos niveles de dirección de nuestro Gobierno, lo que sin dudas, es una oportunidad excepcional para el cine cubano. Con muchas más coincidencias que divergencias hemos avanzado no solo en la formulación de las propuestas, sino en procedimientos que pudiesen aplicarse en las que sean aprobadas.

“[…]Al mismo tiempo, la propuesta de Ley ha desatado lo que algunos interpretan como una controversia entre cineastas e instituciones. Algunos han pretendido utilizar el tema como instrumento de confrontación. En algunos medios nacionales e internacionales, la propuesta se ha manipulado, tergiversado o maltratado.[…]

“Un primer elemento de orden necesario obliga a considerar que una Ley es el resultado de un proceso, normalmente largo, que requiere la participación de varias instituciones, que transita por la consulta a los Diputados y termina con su aprobación por la Asamblea Nacional. Más que reclamar la aprobación de la Ley, lo que procede con la política propuesta, es comenzar su proceso de elaboración.

“Un segundo elemento de orden se refiere a la necesidad o no de la Ley. Desde el ICAIC hemos expresado el criterio de que una Ley de Cine debe ser la meta que consolide todas las propuestas de cambio. Sin embargo, hemos propuesto que las decisiones más urgentes no deben esperar a la Ley, sino aprobarse con otras normativas jurídicas de procedimiento más expedito.

“En otros países, las leyes de cine han incrementado la producción nacional, porque han establecido nuevos mecanismos de financiamiento, principalmente desde el sector privado y dentro de este, desde el propio sector cinematográfico. En algunos países se establecen mecanismos tributarios y de incentivos fiscales para las empresas que decidan invertir en la producción de cine. El procedimiento más utilizado es la imposición de un porciento del precio de entrada al cine, que ingresa a un fondo de financiamiento a la producción. […] por esta vía se recaudan varias decenas de millones de dólares para el cine.

“Aunque estas realidades puedan ser modificadas en el proceso de actualización del modelo económico, siempre se protegerá la cultura para que no sea sometida a la lógica del mercado. La distribución y exhibición cinematográficas cumplen una función cultural que debe estar preservada en manos del Estado. En muchos de los países que han encontrado mecanismos de financiamiento para la producción, puede resultar muy difícil que filmes nacionales encuentren espacios en las pantallas, aun cuando sus propias leyes también establezcan cuotas para la producción del país.

“En un universo saturado de obras audiovisuales foráneas, muchas producidas por la industria global y hegemónica del entretenimiento, proteger y estimular la producción audiovisual nacional es una necesidad urgente para la protección y desarrollo de la cultura cubana.

Tomado de: Roberto Smith: Los cineastas, el ICAIC y la Ley de Cine. (30-10-15)


Sobre la historia y medios audiovisuales

“En las actuales circunstancias, EEUU despliega contra Cuba una bien hilvanada y sutil campaña de desmontaje cultural, con la historia como primer objetivo. El fin último es la introducción en los jóvenes cubanos de gérmenes de duda y desconfianza en la dirección de la Revolución, su liderazgo histórico y la pureza del proceso revolucionario. Al respecto, en su discurso del 1ro de enero de 2014 en Santiago de Cuba, el Presidente de Cuba, general de Ejército Raúl Castro Ruz, reflexionaba:

“En nuestro caso, como sucede en varias regiones del mundo, se perciben intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial, enfiladas contra las esencias mismas de la Revolución Socialista a partir de una manipulación premeditada de la historia y de la situación actual de crisis general del sistema capitalista, en menoscabo de los valores, la identidad y la cultura nacionales, favoreciendo el individualismo, el egoísmo y el interés mercantilista por encima de la moral.

“En resumen, se afanan engañosamente en vender a los más jóvenes las supuestas ventajas de prescindir de ideologías y conciencia social, como si esos preceptos no representaran cabalmente los intereses de la clase dominante en el mundo capitalista. Con ello pretenden, además, inducir la ruptura entre la dirección histórica de la Revolución y las nuevas generaciones y promover incertidumbre y pesimismo de cara al futuro, todo ello con el marcado fin de desmantelar desde adentro el socialismo en Cuba”.

“Ante el hecho inevitable de una revolución que ha convertido a su pueblo en uno de los más instruidos del planeta, la estrategia de la propaganda burda, el mensaje grotesco y la farsa vulgar, ha sido sustituida por una avalancha de información que pareciera concebida en laboratorios, dirigida a impactar directamente en las mentes de nuestros ciudadanos.

“A los ataques mediáticos cotidianos, los de los medios imperiales y los blogueros contrarrevolucionarios, se unen, como en las décadas del 60 y 70 del pasado siglo, intelectuales enemigos de nuestro proceso -cubanos y extranjeros-, enfrascados en cambiar la historia, en demostrar verdades que no lo son, y argumentar un pasado edulcorado […]

“El escenario virtual, junto a la guerra mediática, se ha convertido en uno de los principales campos de batalla de la guerra ideológica y cultural. De ello dan fe las revueltas de las llamadas revoluciones de colores en las ex repúblicas soviéticas, las “primaveras” del Norte de África, el actual conflicto en Siria, la subversión en Venezuela, Ucrania, y la permanente campaña de desmontaje de nuestra historia emprendida por el gobierno de EEUU.

“En tal escenario, EEUU trata de sacar las ventajas de su galopante desarrollo tecnológico.

“Más allá de la añeja polémica sobre cuánto hay de historiador en el periodista y viceversa, lo cierto es que, en la Cuba del siglo XXI, el debate es cada vez más apremiante y necesario. La prensa, o para más exacta definición, los medios de comunicación en sus diferentes formatos, son fuentes para los historiadores y a la vez, plataforma para la divulgación de la historia.

“[…] En 1942, en la inauguración del Primer Congreso Nacional de Historia, Roig exponía la importancia de socializar la ciencia histórica y difundir el conocimiento de la historia más allá del círculo de los especialistas.

Es deber de los historiadores incursionar en el periodismo. La historia debe ser divulgada y llevada a las multitudes para que estas la conozcan, analicen, interioricen y debatan. El historiador no debe contentarse con la publicación de libros excelsos y documentados para especialistas. La historia en la prensa, llámese escrita, radio, televisión o digital, genera el necesario intercambio pueblo-historiador, del que ambos se retroalimentan.

En la era del desarrollo de las infocomunicaciones, el discurso especializado debe adecuarse a los públicos metas con todo el rigor que la ciencia exige, y la frescura de pensamiento que las jóvenes generaciones demandan.

Debemos tener en cuenta que el audiovisual tiene códigos y lenguajes propios, y que el conocimiento histórico que trasmite, viene dado en la capacidad del realizador en seleccionar y distinguir los elementos fundamentales de la historia que narra. De hecho, el audiovisual puede convertirse en herramienta insustituible para la enseñanza de la historia y en documento histórico de obligatoria consulta.

Dadas las peculiaridades del momento histórico que hoy vive la Revolución Cubana, el estudio de la historia de la nación se torna imprescindible en pos del futuro y el audiovisual en una efectiva arma de combate. […]

En esa carrera por ganar corazones y mentes para el sueño americano, toca a los periodistas, realizadores y comunicadores de nuestros pueblos, levantar alternativas originales y autóctonas que con rigor, calidad y frescura de lenguaje, nos identifiquen y enorgullezcan de nuestras raíces.

“[…]En el estudio y conocimiento de nuestra historia política, social, científica, económica y cultural, descansa el porvenir de la nación. Utilicemos las bondades tecnológicas de la época que nos ha tocado vivir, para legar a las actuales y futuras generaciones una historia a la altura de sus expectativas.

Tomado de: René González Barrios (Presidente del Instituto de Historia de Cuba): Historia y medios audiovisuales: Una mirada desde Cuba en el 2015. (04-12-15)


Sitios interesantes

 

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1 comentario

  1. qbanisimo

    felicidades por el artúculo muy bueno! http://qbaneando.cubava.cu/

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