Rubén Martínez Villena

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Rubén Martínez Villena (1899-1934), poeta cubano.

  1. Soneto.
  2. Yo te miro pasar…
  3. Predestinada.
  4. Declaración.
  5. Hexaedro Rosa.
  6. Psiquis.

Soneto

Te vi de pie, desnuda y orgullosa
y bebiendo en tus labios el aliento,
quise turbar con infantil intento
tu inexorable majestad de diosa.

Me prosternó a tus plantas el desvío
y entre tus piernas de marmórea piedra
entretejí con besos una hiedra
que fue subiendo al capitel sombrío.

Suspiró tu mutismo brevemente
cuando en la sed del vértigo ascendente
precipité el final de mi delirio;

y del placer al huracán tremendo,
se doblegó tu cuerpo con un lirio
y sucumbió tu majestad gimiendo.

Yo te miro pasar…

Yo te miro al pasar con la amargura
del que quiere volver y ya no puede.
¡Tu lejanía próxima me obsede
como al pájaro preso en la esperanza!

Yo te miro pasar con esa obscura
resignación que la impotencia exhala,
o como el cóndor que al quebrarse el ala
ve perderse el milagro de la altura.

Yo te miro pasar con esa ansia
del que vive midiendo una distancia
en la que siembra sus esfuerzos vanos.

Yo te miro pasar; sólo, impotente,
¡como el loco que trata inútilmente
de aprisionar el aire entre sus manos!

Predestinada

Naciste para mí, tal es tu arcano.
Mi amor vidente desgarró su velo.
Bajarás hasta mí, luz de mi cielo,
como el rayo de sol hasta el gusano.

Naciste para mí; tarde o temprano
con tu ternura calmarás mi duelo.
Tus ojos llorarán mi desconsuelo
y cerrarán mis párpados tu mano.

¡Qué importa que no sepas mis dolores
o desprecies la voz de mis amores
en la soberbia de tu orgullo frío!

¡Yo sé que mi cariño ha de vencerte,
y un vaivén infalible de la suerte
ha de juntar tu corazón al mío!

Declaración

En la penunbra del jardín silente,
sonó la voz de mi febril anhelo,
y el tímido relato de mi duelo
movió tu corazón indiferente.
La voz, al cabo, se tornó valiente;
y al varonil reclamo de mi celo
se tornaron tus párpados al suelo
y sonrojada se dobló tu frente.
Mas, tu boca, impacible, quedó muda.
el “no” que apenas te dictó la duda
abrió apenas la curva purpurina,
y por ahogarle, de pasión obseso,
desfiguré tu boca peregrina
bajo la ruda compresión de un beso.

Hexaedro Rosa

I

¡Te amo…!
A tu lado, o en tu ausencia; en la realidad
o en el sueño; en la intimidad del rincón
amable o ente el formidable arrullo del
mar; en la noche lunada o negra y punteada
de estrellas interrogadoras; en el momento
maravilloso y tierno del amanecer; en el
estupor meridiano del día o en el pensativo
crepísculo de oro…
En todo los sitios y a todas las horas
te he hicho ya las palabras que creí no iba
a pronunciar jamás.

II

Tu amor irrumpió en mi vida como se cuela
una ráfaga por la ventana abierta.
Todos mis papeles se alborotaron y en
un vuelo de espanto se deslizaron bajo los
muebles y hacia los rincones.
¿Qué has hecho, revoltosa?… ¿Cómo
penetras sin permiso?… No quieres irte.
He cerrado cuidadosamente la ventana y
no te dejaré hasta que arregles lo que
desordenó tu travesura. ¡A ver si recoges
aquel recuerdo mío y me traes esas cuartillas
de la historia triste, y el cuento ese
que aún no he terminado, y aquella esperanza
que germinaba bajo mi frente cargada
hace unos instantes por estos pensamientos
que han quedado aquí, a mis pies,
trucos y revueltos! ¡Qué maremagnum
has ocasionado con tu entrada! ¡Anda,
obedece!…
Y mientras te digo todo esto, tú estás
ahí, de pie en el medio de mi alma, con
mi más vieja tristeza bajo el tacón de tu
zapato, diciendo a mi severidad con una
sonrisa divina: -Indudablemente, nada
hay más descortés que un rayo de sol…
Y lo peor del caso -¡atrevida!- es que
pareces muy satisfecha de que haya cerrado
mi ventana.

III

Tú dices que eres triste. Yo sé que comprendes
mi tristeza. Pero a pesar de ti
misma, tú eres alegre, alegre como la luz,
como la flor, como el trino.
Lo raro es que tu alegría es producida
por mi amor. Proviene tu alegría del amor
del hombre taciturno, obsedido por el Misterio
y por el Arte, envenenado por la Filosofía
y por el mundo.
Como yo conozco ese milagro, temo que se
produzca en mí. Temo el contagio de tu
celeste y poderoso júbilo.
¡Oh amada! No me arrebates tu alegría
lo que me enorgullece y me define. ¡No
vuelva el tiempo ingenuo de la poesía meliflua
y desastrosa! en mi gravedad de
crepúsculo tendré, para ti sola, luces y
flores y trinos.
Pero mi ternura sabrá mecer tu jovialidad
de niña en un columpio de arrullos.

IV

Será un día cualquiera… Habrán rostros
graves y rostros sonrientes. Todo ocurrirá
como en un sueño y tú no sabrás qué
pasa… Tu alma será una dulce angustia
y una expectación de aurora.
-¿Por qué me visten así? ¿Por qué me
coronan de flores? ¿Por qué lloran y ríen?
-me preguntarás.
Y yo permaneceré silencioso, para no
romper con mi voz el sonambulismo del
momento.
Pero cuando las amigas te hayan estrujado,
cuando te hayan quitado los polvos
a besos, cuando tú también derrames una
lágrima lípida, entonces, rodearé tu cintura
con mi brazo y te diré una palabra:
-Vamos…

V

Puedes venir desnuda a mi fiesta de amor
yo te vestiré de caricias.
Música, la de mis palabras: perfume, el
de mis versos, corona, mis lágrimas sobre
tu cabellera.
¿Qué mejor cinturón para tu talle, qué
cinturón más tierno, más fuerte y más
justo que el que te darán mis brazos?…
Para tu seno, ¿qué mejor ceñidor que mis
manos amorosas?… ¿Qué mejor pulsera
para tus muñecas que las que formen mis
dedos al tomarlas para llevar tus manos a
mi boca?…
Una sola mordedura, cálida y suave, a
un lado de tu pecho, será un broche único
para sujetar a tu cuerpo la clámide ceñida
y maravillosa de mis besos…
Puedes venir desnuda a mi fiesta de amor.
Yo te vestiré de caricias…

VI

Entonces…
Cuando en tu cuerpo, rendido, no vibre
ya el temblor elástico de los miembros;
cuando tu labio no tenga fuerzas para
besar; cuando tu brazo fatigado se extienda
en un reposo lánguido, y en gesto
débil y esquivo de negación agites la cabellera
trémula…
Entonces… Cuando tus ojos estén borrachos
de adormideras sutiles, cuando los
párpados te pesen y se caigan, quemados
por la mirada ardiente de toda la noche…
Entonces, a través de la fina malla de
tus pestañas, verás todavía alargarse en
mis pupilas ávidas un desperezamiento de
panteras…

Psiquis

Muerte: mi corazón no desanimas
y aún te aguardo con grato sentimiento;
que siempre fue mi decidido intento
subir las cumbres y medir las simas.
En tanto que mi pecho no comprimas
para beber su postrimer aliento,
con el hilo de luz del pensamiento
voy tejiendo la veste de mis rimas…
Y con ella, pletórica de orgullo,
envuelve el alma como en un capullo,
donde se viste de mejores galas,
y en cuyo ceño, con perenne anhelo,
presintiendo la fuerza de sus alas
goza ya con la gloria de sus vuelos.
…pobres musas…

 

Continuaré…

 Más poemas en Casa de Poesía…

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5 comentarios

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  1. Marta Díaz

    Hermosos poemas de Villena, gracias por recordarmelos

  2. arianna

    Estos poemas de Villena me los hicieron leer en el pre, un profesor de literatura que tambien nos “obligó” categoricamente a leer La Iliada, los Versos del Mio Cid (ya no recuerdo si ese es el título) y otras lecturas más por lo que hoy le estoy muy agradecida y es lo que me hace recordarlo, buenos tiempos aquellos, saludos

    1. Elio Antonio

      Es “El Cantar del mio Cid”.

      Hay más de Gioconda Belli en Casa de Poesía. Parece una mujer interesante.

      Saludos;-)

  3. arianna

    Hola Elio, aqui va otro poema de Gioconda Belli, espero que les guste, un beso

    Preguntas

    Sufro una tristeza de hojas
    que el viento bate contra la puerta cerrada.
    Es el otoño y se hace remolino la hojarasca.
    Como si todos los días vacíos de la vida
    se apilaran en el jardín crujiendo su desperdicio.
    Recuerdo la pasión.
    El tiempo cuando lo prohibido o lo imposible
    me tentaba.
    Cuando saltaba sin red
    o entraba a la jaula de las panteras
    pensando en domar la vida
    o darle un curso nuevo a la historia.
    El tiempo del deseo no conoce el recato
    mucho menos la prudencia.
    Ante mi ventana la brisa deja las ramas
    avergonzadas en su desnudez.
    ¿Llega el momento en que uno acepta el despojo?
    ¿Salir al patio, barrer las hojas caídas
    y prepararse para el invierno?
    ¿Cuántas estaciones alcanzan en una vida?
    ¿Cuántas hojas muertas?

    1. Elio Antonio

      Hola Arianna:-)

      Parece que te identificas con esa poetisa. Por 2 o 3 poemas que he leído de ella gracias a ti, me parece que ella es muy sensual y no lo dudo, porque tú también lo eres, te delatan las palabras que has vertido en estos foros virtuales. Ojala me equivoque, pero creo que tú aún estás necesitada de mucho amor, quizás sea por los años en que no reviste lo que merecías y ahora, te han convertido en una mujer insaciable de afecto.

      Bueno, recuerda dar parte vía e-mail de cómo te va con el diplomado.

      Saludos;-)

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