Obras de arte en la 14B

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Hospital Hermanos Ameijeiras (Cuba)

Frente a uno de los tramos más atractivos del malecón habanero se yergue sin competidor alguno, un edificio que desde 1982 aloja la institución insignia de la salud pública en Cuba: el Hospital Clínico-quirúrgico Hermanos Ameijeiras.

“Este hospital, por supuesto que llevará un nombre muy honroso, y recuerdo sobre esto que fue una idea desde los primeros momentos, que este hospital llevara el nombre de unos compañeros revolucionarios de aquí precisamente, de Centro Habana, unos hermanos revolucionarios, tres hermanos, los hermanos Ameijeiras[1].

Fragmento del discurso en el acto de inauguración / 03-12-82 / Fidel Castro

El Ameijeiras era para mí un hospital más de los tantos que hay en la Capital; hasta que el 13 de junio de 2018 ingresé en el servicio de Litotricia y Endourología, quizás sin igual en el país y en América Latina.

Yo demandaba desde las primeras semanas de enero de 2015, eliminar dos cálculos que permanecían inmóvibles en el riñón izquierdo —en la unión ureteropiélica y en el cáliz inferior.

En Guantánamo podía ser intervenido mediante cirugía a cielo abierto, en la cual, a juicio del urólogo, existía gran probabilidad de perder el órgano que funcionaba correctamente. Como no quería arriesgarme a tal indeseado desenlace, comencé a gestionarme atención en otro servicio médico, donde salir sin piedras e ileso de la intervención quirúrgica, quedara garantizado.

Por la litotricia viaje en varias ocasiones al hospital santiaguero Saturnino Lora; pero lo deseabo no me resultó posible. Debía volver a Guantánamo como con única y mejor solución, la pavorosa intervención a cielo abierto.

Desesperanzado y temeroso por el riesgo quirúrgico anunciado, pasó el tiempo suficiente para que una hidronefrosis provocara una significativa atrofia del parénquima renal. No tuve otra opción que viajar a La Habana donde tengo familiares, los que me ayudaron a iniciar trámites en el hospital. Diez meses después del primero de septiembre de 2017, me convertí en el paciente de la cama 32 de la sala 14B.

A este guajirito de ciudad le impresionó el confort de esa instalación: aire acondicionado sobre los 21 °C, cuartos de 2 y 3 camas, agua caliente, televisión nacional y extranjera, además de una vista aérea de buena parte de la hoy Ciudad maravilla de Cuba. Enchapados de mármol y bellas puertas de madera lucen en los pasillos interiores de las salas. La alimentación abundante y variada, solo la exigencia de estar cocinada con escasa sal “o sin ella”, era motivo de disgusto de algún que otro paciente.

Haremos todos lo posible por salvar su riñón

Aquí también los médicos advirtieron serias complicaciones provocada por el tiempo con hidronefrosis; pero siempre se mostraron positivos y muy resolutivos ante el problema. Al día siguiente de mi primera visita a la Unidad quirúrgica #5, me explicaron que fue necesario instalar un catéter JJ para descongestionar el riñón, antes de poder practicar la NLP. También habían encontrado una estenosis en el uréter, en su unión a la pelvis renal. Siete días después retorné al salón y con cierta dificultad, lograron fragmentar la piedra obstructiva y extraer los fragmentos que luego me entregaron en un pequeño sobre.

Urograma descendente muestra estenosis ureteropiélica

La estenosis se convirtió en el mayor de mis males y en la preocupación y ocupación de los cirujanos. Necesitaron una gammagrafía para conocer la funcionalidad del órgano; del resultado de ese estudio imagenológico dependía la permanencia del riñón en mi interior. Para suerte mía, un 33% de función renal fue suficiente para continuar el tratamiento quirúrgico en el altamente demandado servicio hospitalario.

La segunda piedra fue fácil sacar

A raíz del problema de mi esposa, comencé a visitar al Dr.C. Sinoel Llorente, ya que él trabaja la medicina integrativa. En octubre, dos días antes de regresar al hospital, me dio una sección de magnetoterapia y me aseguro, que la piedra estaba bajando.

Estos tratamientos alternativos no tienen un respaldo científico; no obstante, quiero señalar que cuando entré al quirófano para fundamentalmente, evaluar el estado de la primera estenosis, me extrajeron íntegramente la segunda piedra, que se encontraba impedida de salir por el catéter que llevaba.

En septiembre debí reingresar por tercera vez. Pero un cáncer que venía afectando a mi esposa y que no habíamos percibido como tal, la dejó postrada en una cama del hospital de nuestra ciudad. La triste situación me hizo abandonar el tratamiento y me dedicara a los cuidados de la madre de mi hijo. Iba a La Habana cuando encontraba la oportunidad de alejarme de ella, sin que yo percibiera riesgo alguno para su salud.

Los médicos nunca me censuraron por la casi alocada decisión, que en varias ocasiones me hizo correr por obstrucción de la sonda de nefrostomía o por la pérdida del balón que la mantenía dentro del riñón.

En abril de 2019 me presenté en el servicio. Para entonces había aparecido una nueva estenosis en el tercio inferior del uréter, la que podía requerir la colocación de un estent, dispositivo valorado en unos mil dólares.

No comprendía por qué se tomaban tanto tiempo conmigo. Desde octubre mis finas venas comenzaron a resistirse a la canalización y me desesperaba saber que tenía que someterme a una dieta muy limitada la víspera de cada intervención. Abrir los ojos en el postoperatorio y ver aún la sonda de nefrostomía y/o un catéter interno-externo, marchitaban mi buen espíritu.

Pasaron tres meses más con varios ingresos y sus respectivas entradas al quirófano, hasta que un buen día, la cicatrización por el proceder quirúrgico sobre la primera estenosis mantuvo el uréter permeable y la segunda, había desaparecido. Con ello me retiraron la sonda de nefrostomía y días después, volvieron a realizar un pielograma que continuó mostrando buenos resultados.

“Pero algo a lo que hemos prestado mucha atención, más atención todavía que a los equipamientos es el personal humano que va a trabajar en este hospital. […]esperamos que el personal que aquí trabaje sea un personal de alto rendimiento…

Fragmento del discurso en el acto de inauguración / 03-12-82 / Fidel Castro

Desde el primer momento los médicos liderados por el Dr. Mariano Castillo me aseguraron, que harían todo lo posible por salvar mi riñón. Tales palabras alejaron el miedo que por más de tres años me acongojó. Por eso, al momento del alta quirúrgica, comprendí que tal demora en la resolución de mis problemas —obviando mis ausencias— fue producto del actuar mesurado del experto equipo médico. Decisivo también, fue el tiempo que mi familia empleó para mis cuidados; lo que me hizo imaginar por momentos, que estaba de vacaciones en La Habana.

En un año y dos meses conocí a muchos pacientes de todas partes, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, con problemas mayores a los míos y con enfermedades crónicas que complejizaban cualquier intervención quirúrgica; de igual forma fueron atendidos. Otros más esperaban en casa por una oportunidad como la mía; sin embargo, nunca sentí presión por la prolongada estadía hospitalaria que estaba requiriendo.

En repetidas ocasiones vi los médicos permanecer en el hospital todo el tiempo, como si vivieran en él: inmersos en estudios de casos, pases de visita formales e informales, operaciones programadas y de urgencia, consultas externas y guardias médicas, siempre con buen humor. La Lic. Tomasa, Jefa de sala, fungía como una madre para todos, por eso era respetada y la sala se conservaba con una impecable organización. Obras de arte, crean en la 14B del Hospital Hermanos Ameijeiras. A tod@s, mis felicitaciones y eterno agradecimiento.

 


  1. Los hermanos Ameijeiras Delgado al morir: Gustavo (38), Machaco (33) y Juan Manuel (21).
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