¿Cómo es eso de la no violencia?

A Dimersa Arencibia

Hola:-)

Ayer (19-06-15) a las 08:00 pm una compañera de las clases de Inglés y yo llegamos a una parada, en dos minutos se acercaron tres mujeres que peinaban muchas canas —una blanca, una negra y una indiada. No andaban juntas, pero como un equipo de respuesta rápida, ejecutaron la misma falta de respeto cuando llegó la guagua: se nos metieron alante enérgicamente. Más que decirles mil cosas por tal afrenta, decidí escribir en este blog sobre la violencia femenina, para luego, reflexionar.

Desde hace un buen tiempo me viene preocupando el derrotero que toman las campañas contra la violencia hacia las mujeres. Esto desde que me enteré —no recuerdo ahora dónde— que las féminas son los seres más violentos en nuestra sociedad. Cuando escuché tal sorprendente información me imaginé el porqué y no me equivoqué. Resulta ser, que las mujeres le propinan maltratos —se incluye la violencia verbal y/o psicológica— casi todos los días a sus hijos. No importa si están en privado o en la vía pública con el menor; como tampoco importa la edad del párvulo. Y si la violencia femenina fuera solamente contra los que son la esperanza del mundo, no habrían problemas: “porque para eso lo parieron”, a decir de ellas mismas.

La violencia generada por las mujeres arranca desde muy temprano en la mañana contra cualquier otra persona o cosa:

  • En la panadería: Viejas o niñas, son “plan jaba” o impedidas físicamente.
  • En las guaguas: No entienden de respeto por los que está primero esperando. Luego en los ómnibus entablan discusiones absurdas —hasta lo más desagradable— por las elementales incomodidades que causa el estar en un lugar apretado. No le ceden el asiento ni a la madre de los tomates; porque para eso ellas son mujeres y en la guagua, hay hombres sentados, los que deben ser amables.
  • En las “shoping”: Derriban vidrieras o empujan mostradores si de garantizar un producto en rebaja se trata.
  • Con los aparatos: Pobre del teléfono público que titubee un segundo para aceptar la moneda y en devolverla; los golpes no les faltaran.
  • En la gastronomía: El mal trato por encima del uniforme y no tienen la culpa porque: “lo que pasa mijito, es que el negocio no es particular” o porque “la gente no son fáciles”, etc.
  • En el hospital: Bueno, algunos tenemos por experiencia de que los enfermeros atienden mucho mejor que las enfermeras.

Por favor, no se rían con esto: Dos semanas atrás una buena madre sentada en la vía pública con su cría de meses en brazos ante un llamado a lo lejos vociferó: —Voooy. Ahora este aura me meo”. Sin comentarios.

Años atrás cuando me dirigía al trabajo en la mañana, iba admirando el cuerpo de una joven mulata vestida de militar —por cierto: ¡qué bien les quedan los uniformes a las mujeres!— que caminaba unos metros delante con un pequeñín de la mano. Era fácil de notar que el niño estaba en la edad de aprender a desplazarse bípedamente. De pronto tropezó con un saliente —de los tantos— de la acera y perdió el equilibrio, no llegó a caer, pues su madre lo sostenía. De la boca de aquel monumento salio una palabra como esta: #@%&4&! %)·!)=?. Yo, que había decidido piropearla al instante de rebasarla, tuve que quedarme callado, me cortó la inspiración; solo atiné a tratar de distinguirle el rostro.

Desde entonces han sido incontables las barbaridades protagonizadas por féminas en mi presencia, mujeres de distintos colores, edades, estatus social y profesión. Nunca he podido tolerar —aunque existan razones objetivas y subjetivas para tales comportamientos— que el sexo “débil” o bello, que las hijas de Mariana, que quienes nos mantienen excitados con sus atractivos anatómicos, lleguen a expresar tanta absurda violencia.

Considero que las campañas contra la violencia no tienen porque enfrascarse en un género u otro. La violencia es violencia venga de quien venga. El enfoque tiene que ser holístico. No conozco con precisión el trabajo que hace la Federación al respecto; pero me atrevería a sugerirle a esa importantísima institución lo siguiente:

  • Reformular las campañas en contra de la violencia.
  • Cultivar a las mujeres desde niñas en el respeto a los demás; porque así será la mejor manera de que el “sexo débil” pueda recibir en reciprocidad, la llamada y algo olvidada “caballerosidad proletaria”.
  • Que la FMC proponga a la ANPP declarar liberado o de conmemoración nacional el 8 de marzo o el 23 de agosto y efectuar en ese día, una especie de congreso en todos los centros de trabajo, escuelas y barrios, donde las mujeres y los hombres pensemos en lo hecho y en lo que está por hacer en nuestro país, desde la visión de ese género.

Hasta una próxima reflexión.

Saludos;-)

 

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4 comentarios

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  1. Muy de acuerdo.

    • Filósofa on 23 junio, 2015 at 1:32 pm
    • Responder

    Estoy de acerdo contigo pero no creo que el sexo femenino sea el más complice de estos atropeyos sociales y personales que mencionas, es todo concecuencia de la falta de valores humanos como son la educación o el respeto por los otros, muchos lo justifican con la necesidad que hoy bautizamos como LUCHA, por la situación económica que atraviesa el país hace tiempo ya, desgraciadamente a degenerado a nuestra sociedad. Nos toca a las Viejas, Nuevas y Futuras generaciones conservar las tradiciones de respeto, educación, civismo y sobre todo No a la violencia cualquiera que sea.
    Me a dado mucho gusto su comentario que se repita.

    1. Hola:-)

      En la próxima entrada quiero tratar la razón –quizás principal– por la que se han perdido o están atenuados, los valores o el respeto hacia los demás.

      Saludos;-)

        • qbano on 9 julio, 2015 at 9:20 am
        • Responder

        creo que en mayor menor medida ha tenido que ver la naturalización y masificación de la adopción de posiciones extremas… o sea las personas no somos educadas aquí y mal educadas allí, no somos honestos allá y deshonestos acá, o sea los sucesos sociológicos dados a partir de los 80 trajeron -creo yo- como resultado que la sociedad adoptar posiciones extremas que luego con la llegada de las crisis económicas las limitaciones burocráticas, extrema censura etc se agudizaron.

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